Periodismo mercenario y otras barbaries

Hay días en los que me cuesta seguir defendiendo mi trabajo. Es verdad, los que entre ustedes echan pestes por la poca rigurosidad, la falta de imparcialidad, incluso los más comprensivos que lo achacan a la precariedad laboral en el periodismo para justificar lo injustificable a mis ojos (la falta de ética y profesionalidad): todos tienen razón.

Ustedes toman la parte por el todo, también hay que decirlo. Eso en poesía se llama metonimia y en la vida brocha gorda. Pero están en su derecho, razones no les faltan y nosotros se las regalamos a pares últimamente, no puedo decir otra cosa.

Nosotros. Ustedes. Yo no suelo engancharme en estas diferenciaciones, saben que los límites para mí son un mecanismo mental de defensa que me provoca más risa que respeto. Es cierto que en los últimos años he visto claramente como los distintos gigantes ideológicos tratan de mantener zonas de influencia, conductos de comunicación más o menos afines. Descubrir como los fontaneros y estrategas de los partidos políticos se dejan las uñas para entablar relaciones directas, fluídas y de mutuo acuerdo con tal o cual rotativa o editor de informativos me pone nerviosa.

Evidentemente y en contra de lo que me gustaría, me crispo menos cuando me muevo entre mis principios ideológicos, y puede que hasta sea más permisiva en este lado a veces, pero con determinados límites que son una frontera de la que, hasta hoy, me he mantenido alejada. No voy a negarlo ni lo pretendo, siendo esto bastante imperfecto para mí, y bien que me fustigo. Eso sí, lo reconozco y en cuanto noto signo de debilidad o un atisbo de conflicto de intereses sé reaccionar y hasta ahora, he llegado a tiempo.

Con esto quiero decirles que, no soy tan inguenua como aquella universitaria de 2º de Comunicación que se metió de lleno en una redacción de noticias pensando que la información era libre, imparcial y que olía a rosas.

Ya no. Y además pienso que de esas tres adjetivaciones, únicamente creo y me intereso en la primera, dándole categoría de dogma de fé. Pero en el periodismo hay que seguir una metodología nos pongamos como nos pongamos, que es la que se usa para todo lo que tenga que ver con comunicar: sentido común, honestidad y  transparencia. Ahora mismo estoy pensando por ejemplo, en los dircom de cualquier empresa privada, la que ustedes más detesten: Si comunican sus objetivos (vender) con sentido común: venimos a que nos compren, honestidad miren, es que quiero que se fijen en mi producto y transparencia lo que vamos a hacer con este anuncio/evento/promoción es intentar aumentar la cuenta de beneficios, yo no veo ningún problema ético. Las cosas claras entre ellos y nosotros. Otra vez la diferenciación de sujetos… hoy no me libro.

El periodismo es igual. Es más útil buscar coherencia que imparcialidad siendo esta la olla al final del arcoiris. Claro que, lo que llamamos periodismo en el imaginario colectivo se incluye dentro de unos códigos y un marco de estilo que es un acuerdo tácito entre el lector-usuario y los hacedores de la información.

Lo que han hecho hoy tanto El País como El Mundo es dinamitar por los aires este contrato diáfano con los consumidores. Iremos por partes:

El editorial del diario de Prisa también ha hecho uso de los pronombres indefinidos para apoyar la monarquía y separar esta institución del Estado del proceso al “no ejemplar”  Iñaqui Urdangarín:

“A raíz de estos sucesos, sin embargo, algunos han pretendido que la familia real se encuentra cuestionada por la opinión pública, pese a que la ovación parlamentaria así lo desmiente. Otros pretenden alimentar un debate sobre la jefatura del Estado que no es más que una contorsión intelectual y mediática que la sociedad española debe rechazar con toda contundencia”

Esta manera servilista de negar un debate que siempre ha estado presente queramos o no en la sociedad española, en un medio que se define progresista a mí me ha dejado sin palabras. El imperativo “la sociedad debe” refiriéndose a todo aquel que entienda y promulgue como encubrimiento el aviso del Rey a Urdangarín en el 2006 para dejar de hacer eso-que-dicen-hacía-solo-Diego-Torres; calificar de contorsión mediática y debate artificial a una reflexión completamente legítima en democracia, apelar al miedo en más de una ocasión en el texto en un momento además en que todas las energías deben dirigirse a superar los desafíos que plantean el empobrecimiento general de nuestra economía, asumir que toda crítica a la institución de la realeza debe dirigirse a los aduladores oscurantistas que tapan la arrolladora personalidad del Rey…

Este texto a mi juicio, que es el mío y por esto lo escribo aquí, es antidemocrático. Lo que está pasando con Urdangarín es la demostración contundente de cómo estamos manteniendo organismos directamente protegidos, mimados y francamente obsoletos en el sXXI. No se pretende guillotinar a nadie, simplemente adaptar la realidad de nuestro PIB -por ejemplo, aligerar cargas borrando estas cuentas de gasto- a unas necesidades que no son precisamente ahora mantener una institución sanguínea y hereditaria cuya legitimación en una sociedad avanzada no se sostiene de ninguna de las maneras. Por muy bien que Juan Carlos lo hiciera el 23 F, que ni me lo creo ni me lo dejo de creer. Cobrado está con creces, desde luego.

Y en cualquier caso es un debate sano, y permisible. Y los juicios morales hechos en libertad también caben en una democracia que lo sea de verdad.

Como nota final, y para los que entre ustedes se asombren o disgusten con el hecho de que el editorial no esté firmado, les diré que no tiene porqué, ya que estos textos son representativos del pensamiento del medio en cuestión, se aprueban por consenso en el consejo de redacción y quedan establecidos como marca de la línea editorial. Esto es mucho más peligroso, según lo entiendo yo. Significa que el artículo ha sido meditado, trabajado y cerrado en común, que no se trata de un arrebato monárquico de un amigo de los digestivos etílicos, en este caso tras la enésima reposición de Sissí Emperatriz en el televisor, por ejemplo.

En el caso de El Mundo, lo más difícil de digerir para mí no ha sido el perfil hiriente y destroyer al activista ecologista Ladislao Martínez, al que no tengo el placer o disgusto de conocer. Lo digo con toda la sinceridad del mundo. He leído mil y una opiniones hoy sobre su coherencia humana y política y las mentiras que el artículo en cuestión vierte sobre él. Pero como yo no le conozco, no puedo saber si son ciertas o no.

Tampoco me he llevado las manos a la cabeza con las exageraciones en los cálculos matemáticos del que escribe y que establece equivalencias entre tener unas pocas hectáreas y la condición de terrateniente: estamos hablando de El Mundo, ya andamos acostumbrados a su creatividad argumentaria. Del mismo modo he pasado por alto (aunque sufriendo) la más que clara intención de desautorizar vía estrangulamiento de la credibilidad de sus promotores, la consulta pública sobre la privatización del Canal de Isabel II que se ha llevado a cabo hoy en Madrid.

Lo curioso o vomitivo de este caso, es que los responsables del diario de referencia del Unidad Editorial han tenido la desvergüenza de colocar el texto en la sección de sociedad como un trabajo periodístico más, insertando una opinión determinada sobre una persona y de forma directa sobre su trabajo en la recogida de firmas que les digo entre otros artículos del área. Des-vergüenza o sin-vergüenza, entiendan los sustantivos literamente y como mejor es venga. No son adjetivos, no insulto a nadie. Mi elegancia no me lo permite: alguna vez tendremos ella y yo una conversación al respecto para que me levante el pie del cuello y pueda vociferar agusto, pero de momento no se presta.

Cargo aquí contra una manera de convertir la información en otra cosa, que ni es opinión siquiera. Es como decían esta noche algunos de ustedes por el pajarito azul, mercadería de datos: unos reales pero malinterpretados y otros falsos sin pudor que pretenden demonizar una acción social que va en contra de las disposiciones de un gobierno determinado. En este caso, el de Madrid.

Ambos periódicos han faltado hoy al acuerdo con sus lectores: Han usado sus tribunas para entrar por la puerta de atrás en ese sitio tan preciado donde el ciudadano establece sus criterios y de acuerdo a ellos, actúa. Siendo muy sincera y sin dejar de contener el vómito por lo perpetrado contra el activista madrileño, a mí me ha dolido especialmente el primer caso, por la soberbia con la que nos han llamado al orden desde una cabecera que fué garante de pluralidad en la primera transición. Lo he vivido como una traicion, qué quieren que les diga.

Ahora lo fácil, y lo ha sido en realidad esta tarde en las redes sociales, es cargar con brocha gorda las opinones como decíamos al principio, y echar mierda sobre la profesión periodística. En mi caso es doblemente sencillo, como ciudadana pero al mismo tiempo profesional independiente de esto. Es terriblemente atrayente la idea de sacar pecho en momentos así y reclamar nuestro espacio de pluralidad, independencia y libertad.

No lo haré. Yo estoy pensando en muchos trabajadores: redactores, periodistas gráficos, productores, cámaras, técnicos… que piensan exactamente igual que yo, y que están en estos medios refrescando la pantalla de sus ordenadores cada final de mes para ver si les han ingresado la nómina. Y mientras tanto, haciendo el trabajo que les dejan hacer de la mejor forma que puedan hacer, equilibrando la integridad con la cuota de natación de sus hijos. Y lo digo con conocimiento de causa, porque yo he estado allí mucho tiempo por las mismas razones y no seré yo quien deslegitime su trabajo.

Que podría ser mejor, que traspasa límites como ya he dicho antes que para mí son inasumibles. Por eso me fuí, y por eso mismo también no estoy segura de haber hecho lo correcto, a veces. A veces sí.

La culpa no es suya, no únicamente suya. Tengo un amigo que me regaña mucho porque yo a su vez les regaño a ustedes. Esto no te hace bien, las cosas no se hacen así,  me dice. Supongo, pero mi nivel de bilis se mantiene a raya: Señores, si nosotros permitimos que nos vendan esto como información, no habrá tregua. Y un día nos despertaremos siendo obedientes y dóciles ni plantearnos nada, sin ni tan siquiera ser conscientes de que lo somos.

La manipulación en las líneas de comunicación del poder a la sociedad siempre ha habido, desde los monjes solícitos que transcribían una y otra vez la biblia y nada más, a los potentados feudales que tenían imprentas y decidían que se publicaba o no para mayor gloria de Gutemberg, pasando por la Inquisición, el NODO, los discursos eternos de Chávez o Urdaci en sus buenos tiempos. Pero ahora hay una diferencia, y está en sus teclados y pantallas: ustedes deben escribir (tuitear, postear, difundir, recomendar) un no, y participar en construír muchos síes. Porque tienen posibilidades a su alcance, y si no lo hacen, serán responsables de La Triste Historia de la Libertad Menguante.

Para acabar, reitero que no soy quien para decidir cual es la correcta opinión de las cosas. Ni pretendo saber la verdad, ni me cierro a cambiar de idea en nada si me convencen. Todas las posturas son defendibles, cada cual que cargue con sus motivaciones para hacerlo o con su conciencia.

Lo que sí creo es que se está adulterando la manera en la que estos posicionamientos se están transmitiendo, y es está haciendo de modo torticero y a escondidas: como si al hacerlo de frente fuera a descubrirse la podredumbre que hay detrás. Hay multitud de espacios de reflexión y difusión de argumentarios y debate como son desde luego los ámbitos políticos concretos y significados, las fundaciones de investigación, think tanks, institutos universitarios… y el BOE. Múltiples y variados, se puede escoger.

Yo pediría que no usen el periodismo para vestir de objetividad e imparcialidad sus ideas, no las escondan detrás de profesionales que sí las practican día a día con mucho menos reconocimiento que ustedes. Defiéndanlas a cara descubierta si tan seguros están de ellas.

Se puede dar el caso de que no se encuentren cómodos en ninguno de los espacios que les he propuesto (y que anda que no hay), pero no desesperen: siempre nos queda otro donde algunos de ustedes encontrarán su home, sweet home: los vertederos.

 Foto: Papel en movimiento, de mberasategui

Comments

Todo bien, pero El Mundo no es Recoletos, es Unidad Editorial (Recoletos era Marca, y Unidad Editorial compró Recoletos, pero El Mundo nunca lo fue).
Saludos

posted by lala on 03.05.12 at 12:43 PM

Corregido, gracias. Tuve mis dudas, y decidí nombrar Recoletos porque es la marca comercial del conglomerado con más conocimiento en sociedad, y con intercambios accionariales entre unas empresas y otras. Pero tienes razón, es mucho más exacto y correcto hablar de U.E. Así queda.

posted by Merche on 03.05.12 at 12:50 PM

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